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16 de septiembre de 2011

Fragmentos de incertidumbre


"La idea del pensamiento paradójico, el mal dentro del bien, la permanencia en la incertidumbre, aveces es agotadora. Es un lugar donde no se puede estar demasiado. Pero es el sitio ideal, ya que donde está el peligro también está la salvación." 

The Piper se tomó el palo - Fabián Casas.

21 de mayo de 2011

Lasker vs Schlechter

Schlechter - Lasker
La prensa ha conservado para nosotros un "retrato" de los dos jugadores  el día de esa última partida: "Lasker, con el pálido rostro de un pensador, su característica nariz y sus pequeños ojos semicerrados, que de repente se abrían ante el tablero, todo nervio, incapaz de permanecer quieto por un instante pasándose continuamente la mano por el cabello. Se diría que todo su cuerpo interviene en el pensamiento, en el que todo está en continuo movimiento. Todo, salvo su rostro, que el ajedrez parece haber congelado. Enfrente de él, Schlechter, un hombre pequeño y a primera vista nada notable, con un elevado busto, un cigarro incrustado en su mano, contenido y frío en cada uno de sus movimientos. Sus ojos están dirigidos hacia el tablero, y parece que sus pensamientos sólo están ocupados por su próxima jugada".
 Fragmento de "Mis geniales predecesores. Vol I" de Garry Kasparov

29 de marzo de 2011

Silbidos

“Un pésimo actor, muy pagado a si mismo, sale de gira con el monólogo de Hamlet. Siempre había soñado con hacer Shakespeare, pero nunca lo llamaban. Ninguna compañía, ni la más triste, le ofrecía un papel. El actor, ya maduro, con dolores de ciática, veía alejarse el último sueño que tenía. Una noche, frente al espejo y a una amante cincuentona, llena de granos, se dijo que si los otros actores no se animaban, él si. Y salió de gira. Fue a Córdoba y lo silbaron, fue a Bahía Blanca y también lo silbaron, pasó por Santa Fe y el público seguía silbando. Una noche en Rosario, harto de derrochar energía, llegó a la conclusión que algo fallaba. Aturdido por los chiflidos y el pataleo se paró frente al público, hizo un corte de manga y le gritó: ¡Paren, carajo, que no fui yo el que escribió esta mierda!”
Estábamos tan borrachos que nos reímos como locos, revolcados en la arena, mientras despuntaba el día. Lucas podía contar cualquier cosa y hacerla graciosa. Yo ya había escuchado ese chiste en el ambiente del teatro y creo que François Truffaut lo tomó en una de sus películas. Pero igual me hacía desternillar de risa. Supongo que era porque ponía en tela de juicio toda la escritura, aun la más genial que haya dado la humanidad.



( “La hora sin sombra” - Osvaldo Soriano)

28 de febrero de 2011

Nieve

“Imaginaba la nieve blanca, liviana, bajando en línea recta hacia el suelo y apoyándose luego sobre el suelo hasta taparlo con un manto blanco de nieve. Pero esa nieve ahí, amarilla, no caía: corría horizontal por el viento, se pegaba a las cosas, se arrastraba después por el suelo y entre los pastos para chupar el polvillo de la tierra; se hacía marrón, se volvía barro. Y a eso llamaban nieve cuando decían que  los accesos tenían nieve. Nieve: barro pesado, helad, frío y pegajoso.
[…]
Nunca se deben iluminar las caras con la linterna. Al principio, cuando alguien pedía la linterna, siempre la pasaban prendida, dirigiéndole el rayo de luz a la cara. Así se producía dolor: dolían los ojos y dejaba de verse por un rato. Abajo –por tanta oscuridad-, y afuera, andando siempre de noche y en el frío, la luz duele en los ojos. Alguien alumbraba la cara y los ojos se llenaban de lágrimas, dolían atrás, y enceguecían. Después las lágrimas bajaban y hacían arder los pómulos quemados por el sol de la trinchera. Escaldaban.”

(Los pichiciegos – Fogwill)

29 de enero de 2011

No voy al mar

"De esas costas vacías me quedó sobre todo la abundancia de cielo. Más de una vez me sentí diminuto bajo ese azul dilatado: en la playa amarilla, éramos como hormigas en el centro de un desierto. Y si ahora que soy un viejo paso mis días en las ciudades, es porque en ellas la vida es horizontal, porque las ciudades disimulan el cielo. Allá, de noche, en cambio, dormíamos, a la intemperie, casi aplastados por las estrellas. Estaban como al alcance de la mano y eran grandes, innumerables, sin mucha negrura entre una y otra, casi chisporroteantes, como si el cielo hubiese sido la pared acribillada de un volcán en actividad que dejase entrever por sus orificios la incandescencia interna."


(El entenado - Juan José Saer)